Da lo que deseas recibir

(Solo 3 minutos para leer y el resto del día para crecer)

¿Por qué perdonar al que te ha hecho daño?
Porque te hace bien.

No eres diferente a los que juzgas. Tú educación, cultura, posición, privilegios y vínculos solo te dan una posición y una identidad social, pero nada de eso te libera de ser parte de un todo. Vas a tener que perdonar para ser perdonado.

Si te sientes libre por no haber sido la causa del daño, solo será en tu mente; ser testigo te involucra. Para perdonar no necesariamente debes ser la víctima ya que formas parte de todas las sutiles causas.

Hay que perdonar, no para tener una amistad con el otro, sino para vaciar el rencor retenido y así dejar libre ese espacio para una energía más sana.

Cuando tú perdonas algo, sientes una sensación de alivio, tu cuerpo y tu alma recupera su armonía. Cuando perdonas un gran daño, comienzas a experimentar con amor el verdadero beneficio del perdón en todo tu ser y tu entorno.

Hacer un juicio no te hace mejor persona, porque tú eres eso que juzgas.
Jesús dice: “No juzguéis y no seréis juzgados, porque con el juicio que juzgareis seréis juzgados y con la medida con que midiereis se os medirá” (Mateo. 7, 1-2).

No confundan el juicio que hace la justicia de un país, con nuestro comportamiento consciente como persona.

Una avalancha comienza con una piedrita o un copo de nieve. Las faltas leves las hacemos todos, todos los días, y varias veces en actos o pensamientos; sin embargo las grave solo unos pocos y eventualmente.

¿Quién no ha sido?: prepotente, soberbio, arrogante, crítico, juez, burlón, egoísta, racista, clasista, elitista, abusador, desconfiado, cínico, mentiroso, padre ausente, o grosero entre muchas otras. Muchos dirán, “yo no”, ¿saben por qué?, porque están acostumbrados y les es natural. Seamos sinceros, quién escapa de cometer en el día algunas de estas faltas en actos o pensamientos. Si con consciencia nos comportáramos un poco mejor todos los días, ese hábito benéfico haría que lo grave disminuya. ¿No crees?

No existe un escudo que nos libere; ni el dinero, ni las rejas, ni los estudios, ni hacer la denuncia, ni ser el testigo, ni el represor, ni ser juez, ni tener la razón, ni tu religión, nada, porque siempre serás parte; el único escudo que existe para todo esto es perdonar; siempre necesitarás que alguien te perdone, comenzando por ti mismo.

En el Sermón del Monte, Jesús nos dice:
-Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo.
-Pero Yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: Él hace salir el sol sobre malos y buenos, y llueve sobre justos e injustos.
-Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? …
-Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? … (Mateo V, 43-48)

Cualquiera ama y saluda a sus queridos; vital es ser como el Padre que a todos ama.

Muy pocos han comprendido el camino de Jesús, y les aseguro que a esos pocos les va bien. Ellos se han liberado de lo exterior y viven de acuerdo a un pensamiento consciente, sin la necesidad de analizar, medir o juzgar al que aún no ha comprendido.

Lleva su tiempo entender esto; todos vivimos experiencias terrenales hasta que el espíritu despierta. Deja de hacer juicios y no serás juzgado.

Mahatma Gandhi dijo: -“Tengo gran respeto por el cristianismo. A menudo he leído El Sermón del Monte y he aprendido mucho de él.
No sé de nadie que haya hecho más por la humanidad que Jesús.
De hecho, no hay nada malo con el cristianismo, pero el problema es con ustedes cristianos que no comienzan a vivir en base a lo que ustedes mismos enseñan.”

Buda dijo: -El perdón te hace bien; la venganza, la ira y el rencor, son brasas calientes que sostienes en tu mano para lanzar sobre el otro; pero solamente tú te quemas.

Cada vez que das, recibes.
Cada vez que tratas mal a alguien, lo estás haciendo contigo mismo. Cada vez que haces feliz a alguien, lo estás haciendo contigo mismo. Cada vez que perdonas a alguien, lo estás haciendo contigo mismo. Cada vez que agradeces, tendrás más gratitud. Ahora comprendes por qué hay que perdonar.

Si le pides te da; si lo llamas te abre; si lo buscas lo encuentras. Invítalo a que pase; háblale, está dentro de ti, más cerca no lo puedes tener, solo permite que se exprese; hazlo trabajar y por ti lo hará.

En estas fiestas te invito a que perdones a alguien que te haya hecho daño, y de esa forma libera tu mente del dolor para que tu alma se armonice y tu cuerpo sane. Recuerda que la vida comienza desde dentro, y solo tú eres responsable de lo que causas y te causas.

Con consciencia honesta y con la verdad se logra salud, prosperidad y felicidad. La verdad solo da buenos frutos; si un día no recibes, con seguridad has equivocado el camino. Búscalo.

Gracias. Felices fiestas.
Alfredo Zerbino

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