¿Qué das para recibir?

Debes dar, y agradece cuando recibas.

El que da ya está recibiendo la bendición de haberlo hecho.

El que recibe y agradece, tendrá más para agradecer y vivirá en gratitud.

Nada se logra satisfaciendo necesidades, si el que recibe nada hace.

Dale mil a un necesitado y seguirá siéndolo; enseña a ganar mil a un necesitado y seguirá habiendo; porque solo se satisface una necesidad mental.

Detrás del que aprendió a ganar mil, viene otro que ocupará su lugar.

El dolor es necesario para aprender, el sufrimiento es permanecer en la ignorancia del mensaje.

El que da de comer hace bien a su alma y se va en paz; eso es suficiente para el que da, pero no para el que recibe cuando el alimento no es el correcto.

El mundo es cíclico, el rico y el pobre en bienes de hoy se van a sustituir en la historia, y siempre los habrá.

El alimento que demos no solo debe entrar por la boca, el alimento debe salir de nuestra boca desde el alma al alma. Es el alimento que alimenta por siempre y no necesitas dinero para obtenerlo.

En las bienaventuranzas del Monte, Jesús se dirige al que tiene hambre en su espíritu, al que tiene necesidad de ser correcto, al humilde, al que llora y sufre, al que siente culpa, al que busca justicia en sí mismo; todas las bienaventuranzas van dirigidas al interior de las personas que anhelan llenase del espíritu santo.

Jesús no ofreció bienes materiales a nadie, ni dinero, ni ropa, ni un lugar donde vivir. Él nos abre los ojos del mundo en el que vivimos.

Él dijo: “El que bebe de mi boca, vendrá a ser como yo: y yo mismo me convertiré en él, y lo que le está oculto le será revelado”. Quién haga suya mí palabra, vendrá a ser mi igual, y seré su guía.

Es igual a: “Aquel que coma de mi carne y beba de mi sangre, tendrá vida eterna”. El que de mis enseñanzas se alimenta, vivirá.

¿Qué das para pretender recibir?

Alfredo Zerbino

Estás sobre el paraíso y no lo ves.18341884_1662402193809189_1397724831289108221_n

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