Todo está en uno.

Todo está en uno, y no se trata de razonar el por qué todo está en uno, se trata de una sensación de consciencia interior, de comenzar a ver más allá de este mundo que vemos.
Estamos en una montaña parados frente a un abismo, detrás queda la experiencia física, el ego, y por delante hay un vacío existencial. Es frente a ese vacío que nos encontramos, e intentamos con los sentidos, afinando la vista, ver algo que nos señale un camino para crecer.
Razonando solo veremos un vacío; nos queremos sacar la montaña de la espalda, pero no sabemos cómo.
No hay un camino que la mente pueda trazar, eso solo sería una fantasía del ego que nos hará sentir bien solo ese momento.
Tememos dar un paso y caer; nada será real por fuera si antes no lo hacemos real aquí dentro, por eso tememos, porque estamos ante lo desconocido.
Lo que hay a nuestras espaldas no es real, no existe, y si lo mantenemos en la mente no nos liberaremos de su influencia. Quitarnos metas, dogmas, creencias, obligaciones y responsabilidades de algo que parece existir, quitarnos eso, nos va a dar consciencia de existencia.
Nosotros en realidad no morimos, por lo tanto tampoco nacemos, porque el origen de la vida no está en el nacimiento del cuerpo, ¿se entiende? El que nace y muere es el ego: las dependencias, las metas, las necesidades, las obligaciones, los temores y los apegos, muere todo eso que parte de nuestra forma.
Nuestra esencia es eterna, y es la consciencia su nexo con esta vida.
Dijo Jesús: “Miserable es el cuerpo que depende de un cuerpo, y miserable es el alma que depende de entrambos”. Pero si con consciencia despierta la esencia en el cuerpo, veremos el camino en el abismo.
Solo los humildes y pequeños verán el camino y entrarán en el reino; porque si crees saber algo, no estas pronto, solo verás un vacío frente a ti.
Humilde y pequeño es el que deja de depender de los tormentos de su mente.
Dijo Jesús: “Bienaventurados los solitarios y los elegidos: vosotros encontraréis el Reino, ya que de él procedéis y a él tornaréis”.
Hay que comprender por qué Sócrates decía “Yo solo sé que no sé nada”. Esa era su impresionante humildad por reconocer que detrás de lo que él creía saber estaba lo eterno, el infinito desconocido. Para conocer lo desconocido debes desaprender lo que hoy crees saber, porque de verdad lo que hoy sabes te impide saber.
¿Cómo hacerlo? Has silencio y busca en la profundidad de tu ser interior.
Todo está en uno.
“El comienzo de la sabiduría es el silencio”. Pitágoras
Alfredo Zerbino
Estás sobre el paraíso y no lo puedes ver.piedra_luna1
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