Hemos leído demasiado.

Lo que leemos nos impacta de diferente forma de acuerdo a la etapa emocional que estamos viviendo y al nivel de consciencia; en base a eso hacemos comentarios que indican: comprender con consciencia, creer comprender o ignorar. Lo que  expresamos registra nuestro grado de crecimiento; por más que estemos convencidos que hemos comprendido, si no lo incorporamos y actuamos en consecuencia,  hay algo que no vemos.
Hemos leído mucho y no es tan importante cuanto, lo importante es si nos conocemos mejor con eso; los sentimientos están dentro de uno, no en las escrituras del otro; uno debe de admirarse consigo mismo y no con el autor.
He leído frases anónimas magníficas; lo magnífico no sería el autor sino aquellas palabras que despertaron en mi lo que estaba dormido. Puedo leer muchas reflexiones, pero la cantidad no va a cambiarme, sino un impacto emocional que despierta por dentro una perla luminosa de consciencia.
Cuando uno habla mucho y de muchas cosas, es que ha recargado su mente de información y eso le dificultará saber de sí mismo. Dijo Jesús: “El que sabe mucho de todo, pero nada en lo tocante a sí mismo, no sabe nada”.
Los libros de Maestros Lamas, Lao Tsé, Buda, Hermes, Rumi, Osho, los Evangelios de Jesús y otros, solo van a llenar mi enorme ego de conocimientos si no me libero de conceptos, dogmas, prejuicios, dolores, situaciones de conflictos limitantes y dejar de creer saber la respuesta; hay que desaprender, limpiar la mente, hacer silencio y ser humilde con las escrituras, ser humilde. Puedo haber leído la Biblia mil veces, que si no actúo como un Cristo, no me hace más Cristiano que el que no la ha leído pero sí actúa.
Así lo decía Hermes, -“Los labios del Maestro se abren cuando el oído del alumno está listo”. El alumno será humilde y silencioso, ya que si creé saber algo, no estás pronto.
No importa tanto cuánto lees, sino lo bien que te sientes cuando algo dentro de ti cambia.
Has silencio, la magia comienza con el silencio para oír tu voz interior. Tú eres el que piensa, y tu otro tú el que observa al que piensa. Esa es la forma más directa al despertar consciente de tu consciencia, el silencio.
No hay que discutir, ni tratar de desacreditar algo que se presenta sencillo,  poniendo como ejemplo la desgracia propia y ajena. Porque las desgracias son los obstáculos sin resolver, es toda la basura que obstaculiza el drenaje para comprender lo sencillo. El cambio se logra cuando la desmenuzas y de esa historia no quedará ni una letra, porque no existe, es pura energía negativa acumulada; y si no se comprende, lo vivirás tantas veces como sea necesario hasta que caigas.
Esto es Despertar, es Nirvana, es recibir al Espíritu Santo; no es un deseo y ¡Ya!, no es espontáneo, es un largo proceso de actitud, intención y fe.
Dijo Jesús: “Había un hombre rico que poseía una gran fortuna, y dijo: <Voy a emplear mis riquezas en sembrar, plantar, cosechar y llenar mis graneros de frutos de manera que no me falte de nada>. Esto es lo que él pensaba en su corazón; y aquella noche se murió. El que tenga oídos, que oiga”.
Hemos leído demasiado, llenado la mente de conocimientos como lo más importante, sin prestar atención al contenido de los mensajes.
Abraza las perlas que tocan tu alma como lo más valioso que poseas.         Dijo Jesús: “El Reino del Padre se parece a un comerciante poseedor de mercancías, que encontró una Perla. Ese comerciante era sabio: vendió sus mercancías y compró aquella Perla única. Buscad vosotros también el tesoro imperecedero allí donde no entran ni polillas para devorarlo ni gusano para destruirlo.”
Ahí, donde tu alma Despierta.
Alfredo Zerbino
Estamos sobre el paraíso y no lo vemos.a0d446fac8ffe8446096f6049a5d42d6
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