El ayuno.

45184347_10156675830335890_8545331223487053824_nSi hacéis ayuno, os engendrareis pecados…, no es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre.
El ayuno, no es dejar de comer algo, no hay beneficio si nos privamos de un alimento, sería todo tan fácil…, no comer carne para cumplir con una tradición que pocos comprenden. Me pregunto, ¿cuál es el sacrificio y que beneficio recibimos por ese simple acto si no hacemos todo lo demás?
Cuando se nos pide ayuno, realmente es para que nos abstengamos de pensamientos, palabras y acciones negativas en reconocimiento de Cristo en nosotros, y no solo la abstinencia de no comer carne, y lo más tonto es que muchos están esperando que pase la media noche para comer un buen churrasco.
El verdadero ayuno es la buena acción con humildad, sentimiento amoroso y consciente. De nada le sirve al fanfarrón, arrogante e hipócrita hacer el ayuno de carne si sigue comportándose como tal, y tampoco si hace lo otro y no actúa en consecuencia.
Seamos coherentes e intentemos comprender un poco más en profundidad los mensajes y nuestras obligaciones; ellas no son tan difíciles de llevar a cabo cuando tenemos consciencia de qué es lo que debemos hacer.
Ya nos lo han dicho; solo un poco de sentido común para comprender el proceso que nos lleva a un despertar espiritual.
Nada va a suceder si comes carne; a quién le importa lo que hagas, más que a ti mismo; y a nadie le importa si no comes carne, más que a ti mismo; nada te va a suceder. Lo verdaderamente importante es quién eres tú y si actúas en consecuencia a tus convicciones, con una consciencia limpia y humilde.
Disfrutar de las pascuas como el regalo que nos dejó Jesús para que seamos como él. Lo tomas o dejas.
No te daña lo que entra en tu boca, sino lo que de ella sale.
Estamos sobre el paraíso y no lo vemos.
Alfredo Zerbino
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