¿Me estoy perdiendo el Cielo?

68,1Hemos perdido la magia de la vida que nos es dada ahora, porque nos hemos enamorado de nuestra lógica.
No reconocemos nuestra esencia en el presente, aquí y ahora; la consciencia de esa magia haría posible comprender lo esencial del alma en una semilla de mostaza.
Lo esencial se comprende…, se comprende cuando detenidos en este preciso momento, aquí, el espacio y el tiempo dejan de condicionar la mente con historias. Siendo presente todo se detiene…, todo se detiene en una energía donde la forma, la mente y el alma se unifican para tener claridad.
El cuerpo es indispensable para reconocer esa energía que poseemos; la mente es maravillosa cuando la ponemos en orden; el alma es la energía a ser reconocida como lo que realmente somos.
Hemos perdido la magia de la vida al enamorarnos de la lógica; sobrecargamos la memoria con mucha responsabilidad, información y conocimiento; lo cual asumimos como importante e imprescindible para encajar en una programada sociedad materialista; todo eso hace que olvidemos quienes somos.
No podemos comprender nuestra razón de existir por estar estancados al pasado, y menos pretender crearnos un mejor futuro; NO ES POSIBLE GENERAR UN MEJOR FUTURO PARA LA HUMANIDAD, CUANDO ÉSTA, ESTÁ REPITIENDO SU PASADO.
Estamos ocupando todo el tiempo al estímulo y bienestar corporal, y no al espiritual; no podemos liberarnos del pasado porque no somos espirituales. ¿Qué somos?, somos materialistas jugando a ser espirituales.
La vida tendría otro color, la vida tendría otro brillo, la vida tendría otro propósito si fuéramos conscientes del momento presente; las necesidades no serían tan necesarias.
El fantástico cuerpo le pertenece a la tierra, y ahí vuelve; todo conocimiento terrenal se desvanece sin el sostén del cuerpo; el tiempo y el espacio cesa, y todo vuelve a ser ilimitado para la energía del alma, que fue mejorada en ese lapso de vida corporal.
El alma le pertenece al milagro de la vida, es la esencia de Dios.
La espiritualidad consiste en romper el ciclo…, romper el ciclo en el que se encuentra la humanidad; estamos repitiendo desde las cavernas el mismo sistema tribal con variantes dado por los avances tecnológicos y científicos.
Nacer, estudiar, sentirse útil, buscar ser feliz, competir, procrear, trabajar y morir, eso es lo que venimos básicamente repitiendo sin comprender hacia dónde vamos. Somos “buey en molino de aceite”, dando vueltas, creyendo ir alguna parte. Creemos hacer algo distinto sin darnos cuenta que estamos repitiendo el pasado para generar el mismo futuro una y otra vez. El tema no es si tienes éxito o no, la vida material nunca será pareja entre los seres humanos, nunca, no es posible la igualdad, por eso siempre estamos repitiendo el pasado, todo es lo mismo, nadie gana nada.
Pero eso está establecido como normal y correcto entre nosotros, luchamos por un lugar, una posición, luchamos…
Estamos siendo estimulados para satisfacer nuestros sentidos; nos emocionamos con ese viaje, esa conquista, esa compra, esa…, y llenamos el ego.
Por otro lado, sentimos que por leer las palabras de un maestro, nos sentimos con el poder para juzgar y corregir al que piensa distinto, y por ese solo hecho nos creemos muy “espirituales”. Eso es más de lo mismo, pura basura terrenal, propia del Darwinismo, somos simios adaptados y evolucionados que creemos que pensamos en algo distinto.
No me creo ser un simio evolucionado Darwiniano, yo soy un ser espiritual Cristiano, mi maestro es Jesús. No somos un cuerpo con un alma, sino un alma en un cuerpo. Es necesario pensar con el “corazón”.
Debemos enamorarnos del milagro que es estar vivos, y con consciencia encontrar cuál es el propósito de esta impresionante vida.
Enamorarnos de estar vivos, enamorarnos de la gente, de la naturaleza, del cielo, de respirar, de comprender qué es amar. El amor es una energía que evoluciona con la evolución de cada ser; amamos en lo básico: corporal, emocional, sentimental y romántico; hacia la pureza del amor espiritual, que se asemeja un poco al amor maternal. El amor evoluciona, solo debemos saberlo, y estar atentos a ello.
El cuerpo es la herramienta, la consciencia constante es el presente; ella es la inteligencia “presente” para que se manifieste el espíritu, la mente espiritual.
La continua presencia de nuestra consciencia nos desconecta del tiempo ido, y comenzamos a generar un mejor futuro.
Es normal que consideremos “lógica la repetición de secuencias y resultados” de la vida terrenal en las sociedades; pero no comprendemos que esa es la trampa en la que caemos permanentemente.
Es tonto ser presumido y vanidoso por asuntos terrenales, cuando de verdad estamos perdiendo con eso el mismo cielo.
Estamos sobre el paraíso y no lo podemos ver.
Alfredo Zerbino
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