La piedra de Juan.

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Cierto día el joven Juan no dejaba de lamentarse, estaba enojado, con mucha ira porque había perdido el examen de matemáticas y sus vacaciones de verano se iban a transformar en cuadernos y libros.
Maldecía lo sucedido y gritaba.
_Al diablo con esta vida… ¿Cuál es la razón de estudiar algo que no me gusta? Voy a perder mis vacaciones de verano por causa de la maldita matemática. Si no disfruto la vida ahora ¿cuándo…?
Tanto maldijo, que en eso aparece delante de él una deslumbrante Luz blanca; quedó atrapado y en silencio. En eso… _¿Qué te sucede?
Juan de boca abierta y con los ojos salidos de sus órbitas, le pregunta. _¿Tú quién eres?
La Luz le responde _Yo soy tú, soy aquello, soy todo lo visible e invisible, lo que oyes y lo que no, lo que respiras, lo que sientes… Y a ti ¿qué te sucede?
_Perdí la prueba de matemáticas y me quedé sin vacaciones ¡Maldición!
_¡Ups! ¿Matemática? Que mal… Bien… si quieres saber para qué estás en esta vida, tú debes crecer y para eso, si lo deseas, debes hacer lo que yo te indique de ahora en adelante.
Deslumbrado por la maravillosa luz, Juan dice. _¿Si? ¡Haré lo que sea!
_Entonces a partir de hoy y todos los días, sin dejar de hacerlo un día, debes empujar la piedra que se encuentra en el jardín de tu casa.
_No hay ninguna piedra en mi casa.
_Sí, ahí está.
Y antes de desaparecer dijo. _Juan, no te dediques a la matemáticas, has lo que te haga feliz.
El muchacho sin entender nada corrió al jardín y vio una gran piedra.
A la mañana siguiente, sus padres sorprendidos por la aparición de la piedra y no entendiendo nada, habían tomado medidas para sacarla. Pero él les suplicó que no lo hicieran, que esa piedra le pertenecía y la necesitaba para un trabajo.
Ahí quedó.
Juan todas las mañanas y todas las noches se acercaba a la piedra y la empujaba con todas sus fuerzas, todos los días sin falta como le había indicado la misteriosa Luz, sin lograr mover un centímetro.
Todos veían y creían que estaba medio loco, pero dejaban que hiciera su terapia.
Pasó el tiempo, estudió lo que le gustaba, trabajó en lo que quería, se casó y finalmente se mudó a su nueva casa. Pero la piedra seguía en el jardín de su nueva vivienda y él seguía con su rutina empujando a diario.
Un día, habiendo fallecido sus padres, lo invade una gran tristeza; frustrado y desconsolado por no entender, ya cansado y harto de estar empujando su piedra, con lágrimas en los ojos, lleno de rabia, gritaba _¡Quiero saber! ¡Quiero saber!
Cerrando su puño golpea con todas sus fuerzas. En ese instante sintió un fuerte estallido y la piedra se quiebra al medio; sorprendido ve como la Luz surge de su interior.
_Hola Juan.
Con enojo, y con respiración agitada, exclamó. _Por fin has vuelto… Todo este tiempo he hecho lo que me encargaste, empujé y empujé esta maldita piedra sin mover un centímetro. ¿Y qué he aprendido?, nada, aún no sé cuál es la razón de vivir esta vida. Me siento vacío.
_¿Salvaste matemáticas? Le pregunta la Luz.
Juan, aún excitado, quedó confundido con la pregunta.
_¡Sí…!  Salvé matemáticas y te hice caso,…me dedique a lo que más amaba y tuve éxito,… trabajé, me casé y tengo una familia. Recientemente fallecieron mis padres y el dolor no pasa. Me dijiste que debía crecer para saber…, pero nada he aprendido después de todos estos años de empujar como me has indicado que hiciera.
_¿Tú crees eso? Mírate…, obsérvate un poco. Has tenido tu oportunidad, y qué has creado, y qué tienes; una hermosa familia, tu casa y tu trabajo. Pero por sobre todo mírate a ti, tienes esa fortaleza que antes no tenías y el tiempo te dio.
En efecto, Juan por primera vez se observaba y confirma que con el tiempo había logrado una gran fortaleza.
_Es el momento justo para que despiertes y sepas cuál es la razón de tu existencia.
Juan aún con una respiración fuerte, escuchaba sin poder comprender.
_Esa piedra que tanto has empujado, es la vida misma. Es el sufrimiento y la felicidad, el dolor y el temor, la actitud y el esfuerzo, el triunfo y el fracaso, la alegría y la tristeza. Ella siempre va a permanecer donde está, ella pertenece a éste lugar. Tú espíritu es el que nunca ha dejado de empujar todos los días, sin falta, con fe en la búsqueda de tu razón de existir para fortalecerse.
_Tú eres mi luz. Como ya te dije, yo soy tu, soy el aire, el sol, el mar, soy el Universo, y tú eres parte de mí y hoy te descubres. Eres el espíritu que da razón a tu existencia en esta vida.
_Observa hacia atrás y descubre todo lo que has creado, por lo que has pasado y lo que has vivido. Mira tu casa, tu familia, lo que has crecido con tanta dedicación, esfuerzo y amor.
Ahora disfruta de tu luz. Hoy tu misión es enseñar a otros lo que has aprendido, “Fortalecer el espíritu para comprender la vida”.
Estamos sobre el paraíso y no lo vemos.
Alfredo Zerbino

4 Comments on “La piedra de Juan.”

  1. Excelente . El diario vivir, enfrentar los retos , esmerarse paso a paso por lograr los objetivos, poner cada día un poco de estusiasmo y amor, para darle a la vida su razón de ser. Me encanta.

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  2. Todos tenemos nuestra piedra. Estar despiertos hace que sea mas pequeña. Gracias por la gráfica.

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