Deja de mirar hacia atrás.

Todo lo que creemos saber…, no es la realidad, tan solo es una frecuencia de energía en nuestro cerebro. La mente, con la que nos identificamos para sentir estar vivos, solo es un registro de memorias, es tan irreal como un libro donde solo hay texto; solo es información de algo pasado que ya no existe. Y el secreto está en cómo la utilicemos para nuestro beneficio.

La consciencia de ser el observador, de ser el testigo consciente de esa mente distraída con recuerdos del pasado que nos proyecta al futuro, esa consciencia nos abre un camino a una consciencia superior. Esta no se estudia, no está en los libros, no se enseña; ella es nuestra herencia de lo divino.

Somos los que le damos existencia a las cosas cuando le ponemos una etiqueta, antes de eso, sin un nombre, nada existía.

Sin consciencia, la mente actúa dentro de un caos de memorias que vamos acomodando de acuerdo a las necesidades; apegos que nos condena a volver a revivir el pasado una y otra vez sin resolver.

Cuanto más elevamos nuestra consciencia, muchas etiquetas que creíamos reales dejarán de ser, y otras nuevas surgirán. Al subir el plano a una consciencia superior, el observador también lo hará y la mente lo acompaña a otra realidad diferente. En la medida que mantengamos nuestra consciencia más horas del día en el presente, creamos un orden mental distinto.

Ordenamos la mente al estar más conscientes cada hora del día, ¿por qué?, porque el observador aprende a elegir cómo pensar para obtener un mejor resultado; dejamos de identificarnos con un pasado. Sin nuestra atención consciente, el pasado es la condena a repetir en el futuro.

Cuanto más presencia del observador consciente, más real es nuestro entorno y mejor será el futuro.

Si pones tu mano sobre el arado, solo debes observar que avanzas; deja de mirar hacia atrás, o ver cuánto te falta, solo avanza.

Seguir a un Maestro requiere pensar, hablar y actuar como uno.

La evolución espiritual se da cuando nos desapegamos de eso que nos atrapa y llamamos progreso.

Solo observamos la experiencia vivida como referencia para así dejar de repetir los recuerdos como autómatas.

Para seguir el camino que nos dejó Jesús, debemos hacer un desapego de las etiquetas a las que nos aferramos como indispensables, porque están atiborradas de impurezas con memorias de dogmas, sentimientos, necesidades y religiones que nos hace difícil el camino; desapego purificador, para con consciencia permitir explorar nuestra realidad interior; en el corazón se encuentra nuestra verdad.

Deja de mirar hacia atrás, y observa con consciencia.

Estamos sobre el paraíso y no lo podemos ver.

Alfredo Zerbino

A %d blogueros les gusta esto: