Respirar y pensar.

Nadie posee el don divino en lo material, solo se consigue en lo espiritual, pero comprenderlo es lo difícil.

La vida material tiene un techo del que nunca podrás pasar, es la frustración de un desgaste sobre algo que nunca será de tu propiedad; la vida espiritual es lo infinito.
Estamos distraídos creyendo crear una mejor vida, que ya fue creada por otros, y que han obtenido los mismos resultados conocidos.
Las enseñanzas recibidas son para forman individuos que van a hacer lo mismo que otros dejarán de hacer. Como un fusible ocupamos el lugar que otro deja. Cambian las tecnologías, pero no el método programado de actuar.

La necesidad de una religión es lo que más conflicto nos ha creado, somos fieles aceptando algo bajo un fanatismo temeroso y nos golpeamos el pecho diciendo, “Yo creo en Dios”, pero ni idea tenemos y nos enojamos con alguien que piense diferente.
Nos encanta lo desconocido, lo sobrenatural, y el ego siempre dice comprender aquello que no comprende con claridad; necesitamos saber porque sentimos que algo tiene que haber, nos sentimos huérfanos de espíritu y no logramos hacer propio el mensaje de los Maestros porque nos cuesta ver el beneficio divino.
Hoy sabemos lo que nos han contado y qué debemos hacer, pero seguimos esclavos de la necesidad material para la supervivencia.

Las enseñanzas de los Maestros están dirigidas a conocerse uno mismo, a tu espíritu, no tu estómago, ni tu bolsillo; el alimento es espiritual; el espíritu es la energía que sana tu hambre, tu carencia y tu enfermedad.

Si observamos un árbol, nosotros le damos utilidad de acuerdo con el beneficio que nos aporta: sombra, leña, madera, ornamento y frutos.
Perdemos de vista el equilibrio espiritual del elemento árbol, cuando le buscamos un beneficio a nuestras necesidades materiales.
Imagina una ola sin el océano, o una hoja sin el árbol, ¿puedes?, no puedes, así como la ola existe gracias al océano y la hoja existe gracias al árbol, el espíritu existe gracias a esa energía universal que poseemos, somos parte inherente porque estamos en su mente.
La niebla impide ver todo lo que se encuentra dentro de ella.
Estamos tan inmersos, tan impregnados, tan involucrados a esta forma de vivir, que nos es difícil experimentar una forma superior de vida. Vivimos llenos de pecado y culpa, de juicios y ambiciones, de poder y egoísmo.
Algunos quieren ser espirituales porque creen que así adquieren ciertos dones, y entonces podrán satisfacer sus necesidades materiales; pero eso no sucede así, cuando uno es espiritual no hay necesidades.
Nuestra mente está limitada a lo terrenal, fuera del paraíso; eso nos impide conectarnos a lo infinito, a esa experiencia superior, al Reino, a Dios; porque la vida material y la vida espiritual son incompatibles.

Respiramos sin esfuerzo y sin necesidad de pensar en hacerlo; pero podemos respirar a consciencia y hacerlo mucho más benéfico a nuestro equilibrio; nos hacemos testigos de la respiración al observarla.
Sucede igual con la mente, ella piensa sin esfuerzo y sin la necesidad de estar atentos; pero podemos pensar con consciencia y hacerlo más benéfico a nuestro crecimiento; nos hacemos testigos del pensamiento al ser el observador de la mente.

Respirar y pensar deben, por sobre todas las cosas, estar bajo el ojo observador de nuestra consciencia. La consciencia es el canal inteligente que une el corazón con la mente para despertar la esencia del alma.

La consciencia es la facultad que nos hace diferentes a todas las especies; es dirigir la atención con intención, y cuanta más atención prestemos en cada uno de nuestros actos, despertamos otra dimensión de existencia.
El fanatismo, la bulla y los excesos no son compatibles con la grandeza. Si quieres ser un Maestro, debes hablar y actuar como uno.
Un Maestro no necesita que alguien lo defienda, ni que andemos peleando para convencer del beneficio de su mensaje, solo quiere que pensemos, hablemos y actuemos como él, que seamos su boca.
El espíritu es la energía que va a sanar tu hambre, tu carencia y tu enfermedad.
Respira y piensa con consciencia espiritual.

Estamos sobre el paraíso y no lo podemos ver.
Alfredo Zerbino
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